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Comenzando a establecer límites | Departamento de psicología

Unos de los aspectos más controversiales en la crianza de los hijos, es sin duda el establecimiento de límites conductuales en los niños; por un lado, resulta necesario hacerlo, pero por otro, es muy confuso en cuanto a cuándo y cómo debe hacerse. Y es que desde que nacen, los padres colocan límites a los niños, les comienzan a educar en sus horarios de sueño y de alimentación formando de una u otra manera sus primeros límites.  Estos hábitos son el inicio de sus rutinas operativas que reiteradamente ayudarán a estructurar su desarrollo evolutivo con autonomía e independencia.

En los primeros dos años se estructuran los hábitos de sueño y alimentación, pero luego se van incorporando rutinas de higiene y aseo, se trata de que el niño(a) desarrolle dominio y control de sus rutinas generando autonomía e independencia.  En todo este proceso la seguridad, firmeza y constancia de los padres y cuidadores, es crucial para que el niño responda a la exigencia de acuerdo a lo esperado.

De esta manera se establecen los límites en los primeros años de vida. Cuando los padres tienen claridad en rutinas básicas y hábitos operativos del desarrollo y hacen todo lo necesario para que el niño las demuestra de manera espontánea día a día. Esto implica ejercer autoridad prestigio en todos los momentos de la crianza, significa que el niño va aprendiendo que una instrucción de su papá o de su mamá es tan importante que se cumple sin importar las apetencias o caprichos del momento.

El seguimiento de instrucciones es la brújula del ejercicio de autoridad prestigio para los padres y cuidadores, sin embargo, este seguimiento se dará según sea la coherencia, constancia, firmeza y seguridad que demuestren los padres y familiares a los niños en todos los contextos.  Y en medio de este ejercicio de autoridad, será clave la comunicación asertiva verbal y no verbal pues los niños perciben de manera concreta y directa el mensaje, el tono, el tipo de palabras, la gestualidad, la mirada, y el movimiento corporal y de brazos a la hora de interpretar la autoridad de los padres.

Más temprano que tarde, cada padre y madre de familia debe ejercer autoridad prestigio con firmeza y constancia, cuando el niño toma decisiones contrarias al respeto, al orden y a la sujeción, se hace necesaria la implementación de límites a su conducta, con el fin de asegurar su desarrollo armónico y su madurez integral en todas las áreas de su vida, y en este proceso, el ejercer autoridad prestigio es la mejor herramienta para ello.  Es un deber de todo padre orientar con autoridad a su hijo(a), y es un derecho para todo hijo que su padre ejerza autoridad enseñándole que en su vida los límites le ayudan a vivir más feliz familiar y socialmente.

Ana Hilda Cruz

Psicóloga.