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El buen trato, una demostración de amor Parte 2 | Departamento de Enfermería

Prácticas de autocuidado, cuidado mutuo y del medio ambiente. El autocuidado se refiere al cuidado de sí mismo y contempla todas las acciones y decisiones adoptadas por uno mismo para garantizar su propio cuidado y calidad de vida. Pueden comprenderse como el conjunto de prácticas cotidianas que realiza una persona con el objetivo de fortalecer la salud, bienestar y prevenir la enfermedad. Estas prácticas se ejecutan de manera permanente, por libre decisión y se adquieren durante toda la vida. La promoción de prácticas de autocuidado con niños y niñas y con sus familias o cuidadores como parte de las acciones desarrolladas en las modalidades de educación inicial es indispensable para el proceso de desarrollo infantil, específicamente en lo relacionado con el desarrollo del autoconcepto, la autoestima y el bienestar.

Desde que el bebé nace, la madre, el padre y/o los cuidadores principales adelantan prácticas de autocuidado a través de las rutinas de aseo, alimentación y protección. Posteriormente, a lo largo de su proceso de crecimiento y desarrollo, se debe incentivar en el niño y la niña la autonomía en la realización de estas rutinas para contribuir en la generación de hábitos saludables. Así mismo, es necesario fortalecer el trabajo sobre la conciencia corporal y el cuidado del cuerpo, lo cual les permitirá avanzar significativamente en el reconocimiento de sí mismo y de los otros. Para promover prácticas de autocuidado es preciso identificar que están mediadas por aspectos internos que dependen directamente de la persona y por factores externos relacionados con el medio social y cultural. Entre los aspectos internos se reconocen los conocimientos, la actitud y los hábitos. Por su parte, los factores externos son aquellos aspectos que hacen posible o no el autocuidado de las personas, pero no dependen de ellas, sino que corresponden a determinantes de tipo cultural, político, ambiental, económico, familiar y social. Es importante entonces tener en cuenta que existen factores de riesgo y/o protectores para la construcción de las prácticas de autocuidado, por lo cual deben ser vistas como un proceso dinámico que no solo se compone de acciones o comportamientos individuales, sino también de acciones de naturaleza social. Dentro de los aspectos a tener en cuenta para la promoción del autocuidado es preciso tener en cuenta, entre otros, los siguientes:

Seguridad en el hogar y en las modalidades de educación inicial Los niños y las niñas son sujetos que, por las características de sus procesos de desarrollo, se encuentran más susceptibles a presentar accidentes; de ahí la importancia de que las maestras, maestros, agentes educativos y familias o cuidadores conozcan los riesgos más frecuentes que generan su ocurrencia con el fin de tomar las medidas que hagan posible su prevención. Se trata de que los adultos que son significativos para los niños y las niñas y son responsables de su cuidado y acompañamiento les puedan enseñar, desde muy pequeños, algunas medidas básicas pero útiles para identificar y poder evitar accidentes, así como adelantar las acciones que sean necesarias para mitigar los riesgos en los diferentes espacios por donde se movilizan los niños y las niñas

Prevención del abuso y el maltrato infantil El problema de la violencia y las agresiones físicas y psicológicas hacia los niños y las niñas va más allá de las clases sociales y tiene diversas causas relacionadas con factores sociales, culturales, económicos, políticos y psicológicos de los agresores.

La recomendación fundamental para las familias o cuidadores es establecer un fuerte vínculo afectivo con sus hijos e hijas desde su primera infancia, ya que la mejor manera de detectar a tiempo situaciones de riesgo y vulneración es a través de una relación de confianza, donde los niños y las niñas se sientan seguros de expresar todo aquello que les sucede. De igual forma, si existe una relación afectiva fuerte, las familias o cuidadores podrán detectar con mayor facilidad los indicadores físicos, emocionales y conductuales en sus hijos e hijas, en caso de sospecha de abuso o maltrato.

En este proceso resulta fundamental que los adultos significativos y responsables de los niños y las ni- ñas conversen con ellos y ellas sobre temas como la sexualidad, su cuerpo y su autocuidado personal, fortaleciendo la idea de que nadie puede tocarles sus partes privadas o genitales y que ello no constituye una muestra de afecto. También es importante aprender a escuchar a los niños y las niñas y, sobre todo, creerles cuando relatan episodios de abuso o maltrato. Es necesario permitirles que expresen sus opiniones y sentimientos, no cohibirles, reprimirles o burlarse de sus temores, pues esto hará que posteriormente no se atrevan a relatar situaciones que los inquietan. Por último, es muy importante tener presente que las prácticas de autocuidado se enseñan y aprenden también con el ejemplo y con información clave, por ejemplo, a quién pueden llamar (y dejar a mano número telefónico) en caso que necesiten ayuda de alguien.

 

Promoción de estilos de vida saludable En un sentido amplio, los estilos de vida reúnen el conjunto de hábitos que se dirigen a la satisfacción de las necesidades humanas para alcanzar bienestar y · equilibrio biológico, personal, social y cultural. Es así como un estilo de vida saludable implica tomar decisiones que conlleven consecuencias satisfactorias para la vida, es decir, procurar estar más sano, fuerte y feliz haciendo aquello que ayude a mantenerse equilibrado en los aspectos físico, cognitivo, emocional y social. Desde esta perspectiva, los estilos de vida no se encuentran separados del contexto social, económico, político y cultural al cual pertenecen los niños y las niñas y deben ser acordes a los objetivos del proceso de desarrollo que enmarcan la educación inicial.

Hábitos de higiene: Dentro de las prácticas de higiene que requieren promoverse en la primera infancia están el baño diario, la adecuada higiene oral, la prevención de pediculosis (afección cutánea producida por la infección de piojos) y el correcto y frecuente lavado de manos. En el trabajo con las familias y/o cuidadores es clave insistir en la necesidad de ser constante con estas prácticas de higiene, de manera que se logren instaurar en la vida cotidiana y consolidarse como hábitos de vida saludables. De igual forma, al interior del CDI (para el caso de la modalidad institucional) estas prácticas requieren hacer parte de la rutina que organiza el quehacer cotidiano, donde además de implementarlas es preciso conversar con los niños y las niñas sobre su importancia, de manera que puedan ser comprendidas e interiorizadas.

Actividad física, recreación y manejo del tiempo libre: La actividad física en la primera infancia concentra gran parte de la atención de los niños y las niñas, de allí la importancia de garantizar momentos y espacios para que esta tenga lugar. Tienen beneficios como permitirles canalizar su energía, favorecer el proceso de crecimiento y desarrollo, generar aprendizajes y contribuir a la formación de hábitos de vida adecuados.

Desarrollo de habilidades personales y sociales: Aquí se reconoce la importancia que tienen los procesos de socialización y las relaciones afectivas para el desarrollo integral de cada niño y niña, pues el sentirse aceptados y queridos les permite desarrollar seguridad y confianza en sí mismo y construirse como sujetos en relación con otros. Es importante señalar que el desarrollo individual de los niños y las niñas se da en un contexto sociocultural, por lo tanto los sistemas relacionales en los cuales se desenvuelven inciden en las propias creencias y valores, esto es, el entorno, los objetos y los sujetos son referentes de interpretación de las propias emociones y ello, precisamente, es lo que determina el desarrollo personal y social. En este sentido, el desarrollo personal y social en la primera infancia se construye a partir de las rutinas cotidianas, puesto que son estas las que proporcionan a los niños y las niñas seguridad y confianza en sí mismos; además, a través de las rutinas, se comparten unos valores, creencias y costumbres que de una u otra manera guían un estado emocional y brindan estabilidad.

Tomado de: Guías técnicas para el cumplimiento de las condiciones de calidad en las modalidades de educación inicial.

Paula Catalina Trujillo Maya

Enfermera

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