Emociones en la primera infancia: claves para un desarrollo integral desde
los primeros años
Emociones en la primera infancia: claves para un desarrollo integral desde los primeros años
¿Qué son las emociones?
El diccionario de la Real Academia Española las define como: “Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.
Pero, para hacerlo más sencillo, las emociones son las reacciones que experimentan las personas como respuesta a una situación o estímulo. Estas están acompañadas de factores fisiológicos (alteraciones en el ritmo cardíaco), conductuales (alzar el tono de la voz, cambiar las expresiones faciales) y cognitivos(pensamiento poco flexible, dificultad para expresarse), entre otros.
¿Por qué es importante hablar de las emociones en la primera infancia?
Es en esta etapa donde se construyen las bases del desarrollo social, afectivo y cognitivo.
Durante la primera infancia, el cerebro está en plena formación y es especialmente receptivo a las experiencias emocionales, que influyen en cómo los niños aprenden, se relacionan con otros y entienden el mundo.
Además, un buen acompañamiento emocional en esta etapa previene futuras dificultades de comportamiento y fortalece su salud mental a largo plazo.
Adultos como referentes emocionales
Los adultos que rodean al niño (padres, cuidadores y docentes) cumplen un papel fundamental en el desarrollo emocional durante la primera infancia.
Son los principales modelos a seguir, y a través de su ejemplo, los niños aprenden a identificar, expresar y regular sus emociones. Además, son quienes crean un ambiente seguro y afectivo donde el niño se siente escuchado, comprendido y acompañado.
Validar sus emociones, poner límites con amor y responder con empatía contribuye a formar una base emocional sólida que influirá en su bienestar a lo largo de la vida.
En línea con esto, el estudio ¿Influyen las prácticas educativas en el desarrollo de la inteligencia emocional de sus hijos? analiza la relación entre las prácticas educativas de los padres y el desarrollo de la inteligencia emocional en sus hijos.
Los resultados indican que un estilo de crianza democrático, caracterizado por la implicación afectiva y la disciplina positiva, se asocia significativamente con mayores niveles de habilidades emocionales en los niños, como la adaptabilidad y la gestión del estrés. Por el contrario, prácticas como la disciplina severa o la supervisión inconsistente correlacionan negativamente con estas habilidades.
Aquí tienes algunas estrategias:
1. Ayuda a identificar sus emociones con frases como: “Estás enojado” o “Veo que estás triste”. Puedes apoyarte en caritas con expresiones, espejos o dibujos para que asocien cada emoción con una expresión. Haz preguntas como: “¿Qué siente esta carita?” para hacerlo más significativo.
2. Leer cuentos sobre las emociones ayuda a que los niños se identifiquen con los personajes y comprendan mejor lo que sienten.
3. No minimizar lo que sienten con frases como: “No llores” o “No es para tanto”. Es mejor reconocer su experiencia con empatía, diciendo cosas como: “Te entiendo, sé que eso te dolió”. Así les enseñamos que todas las emociones son válidas y que está bien sentir.
4. Los niños aprenden observando. Si un adulto gestiona sus emociones de forma saludable, ellos imitarán ese comportamiento. Decir frases como: “Estoy molesta, pero voy a respirar profundo para calmarme” les muestra cómo regularse y enfrentar sus emociones con calma.
Además, puedes tener elementos en casa como:
- Botellitas de la calma: envase con agua, brillantina y colorante, que al agitarse genera calma; es ideal para momentos de frustración o llanto.
- Diario de emociones: dibujos o palabras simples sobre cómo se sintieron en el día; este recurso invita a la identificación y reflexión.
- Rincón de la calma: espacio con cuentos, cojines, instrumentos musicales, plastilina.
¿Qué pasa si no se gestionan adecuadamente las emociones?
Cuando las emociones no se gestionan adecuadamente en la infancia y no hay un acompañamiento emocional por parte de los adultos, pueden surgir diversas consecuencias a corto y largo plazo.
La represión emocional o la falta de validación puede generar en los niños frustración, baja autoestima y dificultad para identificar lo que sienten.
A futuro, esto puede manifestarse en trastornos de conducta, ansiedad, problemas para regular sus impulsos y dificultades para establecer relaciones sanas con los demás.
Un entorno que ignora o minimiza las emociones limita el desarrollo emocional y afecta el bienestar integral del niño.
¡Compártenos que estrategias has utilizado para acompañar las emociones de tu Dreamer!
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